50 años de guerra fría parece que no fueron suficientes para que América Latina entendiera los problemas de permitir que guerras ajenas se libren en su territorio. La URSS y EEUU encontraron en estas tierras de inestabilidades y desequilibrios un terreno propicio para exhibir capacidad bélica e invitar a sus habitantes a participar en el pulso de fuerza que planteaba el mundo bipolar.
El mundo siglo 21 vino repleto de sorpresas y fuerzas en b úsqueda de posiciones. Irrumpen poderes como el petrolero; se refuerzan otros como la UE; se acomodan, buscando no evidenciarse, poderes que acechaban en la penumbra y a la espera de oportunidad como India, China, Brasil y algunos asiáticos y, por encima de crisis y otros problemas, EEUU insiste en un esquema unipolar insostenible, en compañía de Inglaterra y pequeños satélites sin identidad ni futuro.
El poder económico no limita la participación en el retozo bélico a los países poderosos porque estos, sin pudor ni misericordia buscan escenarios por fuera de sus territorios para definir con juegos bruscos el mapa geopolítico del mundo. Pero para que los pulsos de fuerza y calentamiento se presenten en estadio ajeno se necesita que los dueños del ruedo no hayan construido adecuados niveles de autoestima, como es el caso que se vive en América Latina. Hoy, los gobernantes de Colombia, Panamá, Venezuela y Brasil presentan un espectáculo vergonzoso donde exhiben sus limitaciones y complejos para desarrollar sus países sin padrinazgos peligrosos y creen resolver problemas de coyuntura entregando soberanía y colocando naciones enteras en situación de riesgo.
Colombia y Panam á facilitan su territorio al poder bélico del bloque USA- Inglaterra con connotación judía; mientras Venezuela ofrece su país al poder petrolero con claros vínculos islámicos y Brasil, empujado por los percances que encontró en su intento por liderar el subcontinente, cede a la presión de la Unión Europea para convertirse en su representante en la competencia entre de los halcones del planeta, mientras China e India coquetean también con el país de la samba y el futbol. El pudor es el gran ausente en la repartición de territorios para bases extranjeras en la desamparada América Latina.
Solo la dignidad y el orgullo de pertenencia de los pueblos pueden salir al paso al proceso de convertir a Latinoam érica en el teatro de la confrontación bélica de los poderosos de la tierra. Las reservas de dignidad en el subcontinente están concentradas en los países que en época de guerra fría guardaron cierta distancia en la confrontación de las dos superpotencias y por tanto para esos países la entrega total de soberanía es episodio sin editar.
Las voces que en UNISUR propusieron la prohibici ón a la implantación de bases extranjeras en territorio latinoamericano pasaron desapercibidas en medio de la polarización y el barullo de la pelea coloquial de Uribe, Chávez y Correa. En Colombia la propuesta del candidato del Polo, para que el ganador de la consulta opositora incluya como punto de su programa de gobierno la negativa a las bases extranjeras en el País, no mereció comentarios de parte de los posibles precandidatos a la consulta.
En la guerra de los halcones los gobernantes latinoamericanos con aspiraci ón de gavilanes deben saber que en su rol como aves rapaces, no llegarán siquiera a ser una miope lechuza porque sus intenciones se estrellarán contra la fortaleza de quienes saben que la dignidad y el orgullo patriótico son la única garantía de futuro, convivencia y paz en las fronteras. Bloquear posibles hecatombes debe ser decisión ineludible de los pueblos latinoamericanos así que para lograrlo tengan que pasar por encima de altanerías y arrogancias de dos o tres desvergonzados gobernantes que no han dudado exacerbar odios entre pueblos hermanos manipulando la información para justificar la presencia de bases extranjeras ocultando intenciones reeleccionistas y expansionistas utilizadas magistralmente por las potencias bélicas.
|